Con una cándida mirada –como si fuese en tono de súplica-demuestra su deseo.
Matías es travieso y juguetón, como cualquier niño de su edad, pero hay algo en él que lo hace único entre sus pares y que sus grandes ojos verdes lo reflejan: el amor que tiene por la música.
A pesar de su corta edad, pareciera tener prestancia frente a lo que anhela, lo cual no deja de ser inquietante por lo demás. La misma forma en que se pone cada día su guitarra al cuello y la toma del mango en posición precisa para que brote de ella alguna melodía –sin nota alguna- se deduce cuan pasión siente por ello.
Es el menor de 5 hermanos, todos ya terminando
Sus padres no ven el talento que Matías pide a gritos con su mirada, detrás de él se esconden muchas quimeras, que quizás ni el mismo las comprende, pero las siente. Es increíble pero cierto. Muchos de nuestros sueños emergen cuando somos niños, cuando somos pequeñas criaturas inocentes, donde todo se nos hace plausible y alcanzable, donde estamos dispuesto a todo porque ignoramos las dificultades de la vida.
Matías pareciera tener muy claro lo que quiere, quien sabe si el día de mañana será un músico famoso o un profesor que enseñe y comparta lo bello que es la música o simplemente un viejo que postergó sus sueños por miedo a fracasar.
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